domingo, 9 de enero de 2011

Un día de aventura

Cuando me piden un tema libre para poder plasmarlos en cuadros fotográficos, no sé  me ocurre, mejor idea que los deportes de aventura, y pude ubicarlos de forma cercana en Lunahuana.
El proyecto comprendía poder realizarlo entre dos personas, una amiga mía llamaba Gracia, acepto el tema que elegí pero sabía que no podía ir sola, tenía que buscar un guía, por ello recurrí a un gran amigo llamado Jesús que es estudiante de turismo en un reconocido instituto y al conocer el lugar sabría los lugares estratégicos para poder ubicarnos y tomar algunas fotos.
Para poder estar más cómodos mis papás consiguieron una movilidad particular, pues el chofer lo teníamos que era mi papi. Al parecer todo estaba listo para un gran día, cuando horas antes de nuestra aventura, mi queridísima amiga me dice que no podría ir , el carro me lo niegan, y  sentía que me volvía loca, pude gracias a la astucia de mi mamá conseguir una movilidad, y solo partimos con Jesús hacia el sur, Me centre en el canotaje, justo cuando llegábamos podíamos ver a varios chicos ya preparados para salir, mi guía me ayudo de mucho para poder ubicar de forma estratégica y sacar buenas tomas, en el puente, en el rio, en la orilla, en la carretera, varios lugares eran buenos para poder coger un buen ángulo, pero triste la agonía que de más de 230 fotos solo sirvieran veinte, pero el día se completa con una adrenalina de motocross, coger velocidad era lo máximo, claro hasta que choque y Jesús tenía que ayudarme a retroceder la moto, hacíamos competencias, cada uno iba en una, nos reíamos, nos sentimos liberados de todo y de todos, vimos todo el paisaje, llegamos al mirador, fue un día increíble, que me lleva a quedarme picona porque no realice el máximo deporte que es el canotaje, porque no me alcanzo el tiempo, pero algún día regresaré.

Hotel en cenizas

En el centro de Huaraz se cuenta una historia sobre un famoso hotel, donde según los narradores nos dicen que hace unos siete años atrás se dio un suceso lamentable, que con los años se volvió algo escalofriante.
Dicen los residentes del pueblo que en el año 2003 una promoción de sexto grado de primaria,  colegio estatal  por cierto de nuestra capital, llego a la ciudad huaracina como mucho de nosotros para realizar una excursión en los centros turísticos más vistos de dicha zona,  instalándose en el mejor hotel del momento ubicado estratégicamente en el centro de Huaraz, pero que tal destino en confabular con estos pequeños no mayores de los doce años pues en la segunda noche de visita justo cuando descansarían temprano para partir a primeras horas del siguiente día al famoso nevado de pastoruri, ahora no existente, suele darse un corte de energía, donde todos los niños algo asustados recurren a su profesor que se encontraba en el hobby del hotel, dentro de aquellos angelitos estaba Marianita, una niña de tan solo once años, era la más tímida del grupo, como a la vez la más sensible, aquella noche sentía mucho cansancio por el recorrido que hicieron, por eso llegó al hobby y cogió una vela y decidió regresar a su cuarto, varios de los niños siguen la actitud de Marianita, y los otros se quedan en el hobby con el profesor,.
Luego de unas horas al ver que todos se quedaron dormidos, comenzó a sentirse un olor a quemado, haciéndose cada vez más intenso, muchos no querían darle la importancia del caso, pero cuando uno de los administradores se percata de ello se da cuenta que proviene de una de las habitaciones y escucha gritos. Todos alarmados se dirigen y ven que es del cuatro de Marianita que al parecer la vela no había sido apagada y viendo que NO podían salvarla y por el contrario el fuego empezó a apoderarse de las instalaciones del hotel llevándolo al desastre total, muriendo la pequeña.
Luego de unos años el hotel volvió a ser reconstruido, teniendo como huéspedes a una promoción, esta vez de chicos de secundaria, luego de un año de re-inaugurado, que ni imaginaban lo que les ocurriría, en la primera noche que estaban instalados no tuvieron ningún problema, pero en la segunda noche en uno de los cuartos de las chicas, a las dos a.m aproximadamente, tocaron la puerta, como es de costumbre a esas horas en un viaje de promoción nadie duerme, y nadie quería salir, cuando insisten y tocan nuevamente, una de ellas sale y ve que era una niña con una pijama que le pedía un vaso de agua, ella se lo brindo pero con cierto recelo porque sentía algo extraño, y al notar que eso paso por dos noches seguidas conversaron con el dueño del hotel y les dijo que no había otros huéspedes esos días, y les contaron la historia de Marianita, pero muchos no lo creyeron, por eso decidieron a la tercera noche quedarse todos en ese cuarto para ver que pasaba, repitiéndose lo mismo de las noches anteriores, pero esta vez uno de ellos se atrevió a preguntarle cual era su nombre, y cuando la niña voltea con el rostro desfigurado les dijo: Marianita, solo cerraron la puerta rezaron todos juntos hasta que amaneciera para que puedan partir.
Desde aquella noche cada huésped debe dejar un vaso de agua en la puerta de sus habitaciones…

El teatro más allá de los telones…

Parece como  si fuera ayer,  que me encontraba en la puerta del canal cuatro para poder ingresar a uno de los programas más vistos de los fines de semana.
Todo empezó por un trabajo de la universidad, donde tenía que hacer una crónica cultural, no se me ocurría mejor idea que poder ir a programa que llevó al teatro a una pantalla de tv. El programa “teatro desde el teatro”, y así fue que  sin querer llegué, la experiencia fue muy buena, claro mientras nos encontrábamos en la grabación, lástima que al concluir me lleve una desilusión que es que los actores no son como los pintan, tras la pantalla podemos ver a personas risueñas, amigables, pero cuan distintas pueden ser en persona, o es que acaso por el hecho de ser una simple estudiante no podrían darme  una entrevista???
Tal vez sea algo natural, no lo sé, pero si tengo por seguro que si fuera normal otros de los actores aquella noche no hubieran aceptado mis preguntas y me hubieran dado la espalda  y se hubieran ido, al final nada tienen que perder yo no trabajo en ningún medio para poder difundir su rechazo hacia una simple mortal.
Mientras más tarde se hacía a esperar a  que alguno de ellos me pueda conceder una entrevista, me sentía  más frustrada porque no podía entender cuánto vale la sencillez para ellos. Pero más era el capricho de poder insistir en que por lo menos uno de ellos pueda contarme algo u hacerme caso con eso me bastaba, y lo conseguí por lo menos tres de ellos pudieron escucharme y con una sonrisa en los labios felicitaron mi perseverancia y me pidieron que no decaiga ante nada, y es algo que hasta ahora mantengo en la mente, gracias a ellos por su sencillez y por las grandes personas que ese día me permitieron conocer… a Christian Thorsen, Laly Goysueta, Jovana valcarcel.