Nadie suba! , debemos exigir que nos manden otro carro. Gritaba exaltada una de las pasajeras, - quién nos asegura que podamos llegar si vamos así, y si más arriba igual nos quedamos parados, qué hacemos?.
Con una mirada explosiva y dejo jaujino, una mujer de tez trigueña, cuyas mejillas estaban rojillas y media partidas por el clima que la sierra acoge, dejaba correr su ira, al darse cuenta que el vehículo en el que viajábamos estaba varado, en el km. 69 de la carretera central, aún por Chaclacayo, todos descendimos del carro cuando un impacto brutal, nos despertó, el auto no daba más, al parecer una manguera de empalme que se encontraba en el motor se había roto.
Los gritos seguían mientras que el chofer y su asistente nos decían que todo estaría bien, que solo se cambiaba y listo, pero que tan creíble era esta versión cuando la agencia tenía antecedentes desagradables. Mientras la euforia iba en aumento un celular daba el tono de espera, pues uno de los pasajeros decidió llamar al ciento cinco…
Partimos más o menos a las nueve de la mañana, una pastilla era nuestro escudo para poder evadir el soroche y llegar bien a nuestro destino. Desde la partida ya el sueño era un acompañante más que no habíamos previsto, sin duda muy buena compañía. Luego de dos intentos Yolvi me daba la señal de que terminábamos de grabar la partida del terminal, con un suspiro de por medio mi cabeza giro y mis parpados se dejaron caer como por fuerza de gravedad, cuando de pronto un impacto brutal me despertó, sin pensarlo ya eran dos horas que esta envuelta en los brazos de Morfeo, escuche gritos y decidí asomarme para ver lo que sucedía. Logré ver como una mujer discutía con el copiloto: “debieron prevenir esto, no nos van a dejar ahora tirados”. Poco a poco la gente se iba contagiando de la euforia que esta persona tenía, y fueron descendiendo del bus. “solo les pido treinta minutos para solucionar esto, mientras tanto pueden ir al baño o comer algo”.
Mientras todos se miraban y esperaban una respuesta más concreta se escuchó una voz con gran júbilo que mencionó:
Nadie suba! , debemos exigir que nos manden otro carro. Gritaba exaltada una de las pasajeras, - quién nos asegura que podamos llegar si vamos así, y si más arriba igual nos quedamos parados, qué hacemos?.
A pesar de todos los problemas, en menos de los treinta minutos mencionados por el chofer, se escucho un grito que decía: LISTO!!! Podemos irnos, todos los pasajeros decidieron subir, ignorando a una voz de mando que en un momento se quiso imponer. Mientras todos subían casi a cuarenta minutos que seguíamos en el camino, se bus se volvió a parar, todos indignados pero esta vez no nos abrieron las puertas, y si solo fueron segundos para volver a la marcha, sin embargo no podíamos llegar en paz, justo antes de ingresar a ticlio un accidente a mitad de carretera nos detuvo por tercera vez, pues era imposible que dos vehículos ingresen por el mismo lado así es que solo un carril estaba disponible, serían más o menos veinte minutos parados, hasta que por fin seguimos y a pesar del granizado que tuvimos llegamos en un poco más de siete horas, gracias a Dios que llegamos a nuestro destino, Jauja.
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